Santería cubana · Orishas
Oggùn
Dios del hierro y el trabajo

Oggùn
Oggùn es un Orisha temido por su carácter poco sociable y por la potencia de sus armas. Él es solo el arquetipo de las manifestaciones violentas ínsitas en la naturaleza humana. Su nombre significa guerra, destrucción, pero también medicina, espíritu bueno y malo. Nace de las entrañas de la tierra y su misión es la de guerrear siempre por todos los hombres, en la religión y en la vida, pues cometió la grave falta de abusar de su madre Yemayà cuando ella le enseñó el arte amatorio. Obatalà (su padre) no llegó a tiempo de maldecirlo, porque fue Oggun quien se condenó a sí mismo, lanzándose un anatema que le impediría dormir, durante el día y la noche, mientras el mundo fuera mundo. Se emborracha con aguardiente, para olvidar. Según una antigua Patakì (leyenda), fue seducido y luego abandonado por la seductora Oshùn, la cual usó sus gracias con el único fin de traerlo de vuelta hacia los hombres, de los cuales se había apartado por hastío. Está encargado de procurar el sustento a todos los Orishas. Tiene muchos contactos con los Eggun, los espíritus, y le gustan las hechicerías. Hermano de Changò, violento y astuto, es el dios de los minerales, de las montañas y del hierro en general. Oficialmente casado con Oya, ha perdido a la esposa, que se ha convertido en fiel amante de Changò, con quien está en disputa perenne. En la tierra vive con Ochosi, junto a la puerta de la casa para que nada malo pueda entrar. Tiene numerosos caminos: desde el guerrero fuerte y bárbaro, hasta el campesino sedentario. Más cercano a la naturaleza humana que a la divina, este Orisha participa de todas las inquietudes y los defectos terrenales, y es símbolo de lo cotidiano. Domina las llaves, las cadenas, la cárcel y el metal en general, desde el machete hasta los cañones. En el hombro lleva una bolsa atigrada adornada con muchas conchas. Se viste de verde y alrededor de la cintura tiene una faldita de fibras de palma que protege de los males de la vida. Su collar es de cuentas verdes y negras alternadas. Su baile es muy bélico, con un machete en la mano, pero representa también el trabajo, de tipo agrícola o con yunque y martillo. Protege de la fiebre, de las intervenciones quirúrgicas y, en general, de todos los daños derivados de metales ferrosos y de accidentes con pérdida de sangre. Es el protector de herreros, mecánicos, ingenieros, físico-químicos y de los militares. Sus días son el martes, el miércoles y el cuatro de cada mes. Se sincretiza con San Pedro.






